jueves, 7 de junio de 2018

27.- ACERTAR EN EL QUIÉN


27.- 
Adán y Eva, los seres humanos arquetípicos, actúan condicionados por ese amasijo de contradicciones que somos todos nosotros. Que pueden ser entendidos como personalidades corporativas que representan el todo resulta evidente a partir de pasajes como el siguiente: "Si el alma necesita su propio cuerpo, otro tanto le ocurre al Espíritu: el primer Adán se convirtió en un ser vivo, pero el último Adán (Cristo) ha devenido un Espíritu dador de vida" (1 Cor 15,45).
Salta a la vista que Pablo concibe a Adán y a Cristo como epítomes representantes de toda la humanidad. Lo que acontece en ellos debe acontecer y acontecerá también al alma. No ocurrió solo entonces, sino que siempre ocurre “ahora”.
La doctrina del pecado original representa, en realidad, un consuelo; porque cuando uno sabe que es una bendición ambivalente, que está lleno de contradicciones, que es un misterio para sí mismo, no pretende ser capaz de eliminar todo lo que considera indigno de él. Como dice Jesús en la parábola del trigo y la cizaña: "Dejad que crezcan juntos hasta la siega" (Mt 13,30).
En la historia reciente, tal innecesaria "limpieza" fue el orgullo desmedido y la vana ilusión del nazismo en la derecha, del comunismo en la izquierda y de los creyentes puritanos en casi todas las religiones. Cuando carecen de la humildad que fomenta la doctrina del pecado original, los cristianos, más que creyentes en la encarnación de Dios, se convierten en zelotes e ideólogos. No están suficientemente abiertos al misterio, la compasión y la paciencia. En la misma parábola, Jesús aconseja algo que ojalá alguien me hubiera dicho en mi juventud: "No arranquéis la cizaña, no sea     que con ella saquéis también el trigo" (Mt 13,29). ¡Aquí no solo late una espiritualidad genial, sino también una psicología genial!

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