jueves, 7 de junio de 2018

13.- INFORMACIÓN NO EQUIVALE NECESARIAMENTE A TRANSFORMACIÓN


13.- 
La incorporación del pensamiento autocrítico y negativo
Una vez que consientes vivir tus experiencias, una vez que aceptas que Dios se encuentra en lo real, aún hay algo más: “¡junto con el lado positivo de lo real has de experimentar su lado negativo!” Nada tiene de extraño que dividamos, esquivemos y neguemos, ni que prefiramos las ideas abstractas, en las que podemos descartar aquello que no consideramos aceptable. Pero las Escrituras judías, de forma sumamente sorprendente, incorporan lo negativo. Jesús hace otro tanto cuando es "tentado durante cuarenta días por el diablo" (recuerda: la tentación implica al menos cierto grado de abstracción y conflicto).
En contra de lo que cabría esperar, el pueblo judío incluyó en la Biblia sus quejas y evasiones, así como sus reyes arrogantes y malvados y a sus muy críticos profetas. El pueblo judío leía sobre todo ello en público y aún lo hace, como también nosotros lo hacemos. ¡Son pasajes que, lejos de cantar las maravillas de los judíos, les recordaban sus miserias!
A la Biblia judía le es inherente la “capacidad para el pensamiento autocrítico”, y ello se expresa de forma enérgica en Jesús y los profetas. “Es el primer paso para superar la visión dualista de las cosas y nos enseña a tener paciencia con la ambigüedad y el misterio”. El pensamiento crítico es también una de las características de la mente occidental que produjo la revolución científica y la revolución industrial, así como las reformas protestantes. Gracias a esta clase de textos sagrados, la religión judía y la religión cristiana tienen siempre fuerza suficiente para corregirse a sí mismas desde dentro.
Ello es bastante raro en la historia de las religiones. La autocrítica resulta necesaria para prevenir la tendencia natural de la religión a la arrogancia y a la excesiva seguridad en sí misma. Socava la posibilidad de que se mantenga por mucho tiempo cualquier tipo de idolatría del grupo, aunque también puede degenerar en cinismo, escepticismo y postmodernidad.

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